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No tengo ni idea de lo que está pasando: diario de alguien que ya nunca será traductora.

Seguramente tú, la persona que estás leyendo esto, tienes cierto conocimiento de lo que es el mundo IT: sabes que existe algo llamado software y que existen empresas tecnológicas que lo desarrollan y gente que se dedica a la informática y que puedes hacer esto o aquello y especializarte en cosas diferentes…Ahora imagínate que no sabes nada de esto. Nada. Eres una persona que vive ajena a la informática y solo usa la tecnología lo justo para ser alguien funcional en el mundo de hoy. Hazme ese favor. Y vamos a empezar desde allí.

En 2019 decidí «ser» administradora de sistemas porque mi pareja me instaló Linux en un equipo que iba muy mal. Linux era esa cosa de gente que «sabía del tema» y no era ni Windows ni Mac.

En aquel momento yo era traductora, había estudiado Filología Hispánica y lo mío eran las letras, es decir, estudios que apenas dan de comer. Ahora que miro hacia atrás me doy cuenta de que la decisión de dedicarme a sistemas fue una auténtica locura, sin ninguna garantía de éxito, pero que afronté de forma metódica. Hice listas de tecnologías, hablé con gente que trabajaba en el sector, miré ofertas de trabajo, leí posts…todo eso que puede hacer una persona que no tiene ni pajolera idea del mundo que tiene delante. Seguramente si me lo hubiera pensado más detenidamente jamás hubiera hecho nada. No era una friki de los ordenadores, no había aprendido a programar casi antes que a andar, no tenía una ingeniería, no sabía de matemáticas…(inserte más elementos a la lista de clichés a continuación).

Pero como no tenía nada de eso simplemente me puse a leer y a ver vídeos. Así de simple. Descubrí lo que era un sistema de ficheros, lo que es (y puede llegar a ser) un SO como Linux, lo que podías hacer en un servidor. En mi cabeza empecé a entender lo que podría llegar a ser una infraestructura informática. Le dedicaba una media de 8 horas al día de estudios y vivía de ahorros. No te voy a engañar, los primeros tres meses no entendía una mierda. Literalmente. Nada tenía sentido y simplemente iba tirando con la corriente de conocimientos que me marqué al principio y poco a poco las cosas empezaron a encajar.

Luego vino la pandemia, y mi casi-trabajo-de-teleoperadora, y mi primer puesto de becaria L1 en una multinacional: un puesto que casi me hace explotar de ilusión pero que también casi acaba conmigo mentalmente. Unos meses después, y aprovechando la necesidad de carne fresca en sistemas que había generado la pandemia, entré en otra multinacional pero en este caso ya como como alguien con un contrato. Trabajé alrededor de siete meses como operadora de sistemas, principalmente en monitorización, a turnos rotatorios (incluida la noche) y muchos turnos de 12h los fines de semana. Pasados unos meses acabé en el hospital por unos picos tremendos de tensión debido a los nervios y a esos horarios incompatibles con la vida. No te equivoques, en ninguno de esos puestos aprendí mucho técnicamente (y por eso seguía teniendo que estudiar fuera del horario laboral) pero sí aprendí mucho sobre el sector, sobre mí misma y sobre lo que quería y lo que no quería.

Precisamente por eso, cuando en mi empresa me hicieron pasar por un proceso de selección para una promoción, me movieron a ese nuevo proyecto con una nueva categoría (ya no como operadora sino como analista) y dos días después me dijeron que me devolvían a los turnos como operadora porque «ha habido un error», exploté. Lejos de rendirme y conformarme, sin embargo, me puse manos a la obra y empecé a buscar algo mejor. Publiqué un twit y el resto es historia :). Así es como he llegado al puesto que tengo ahora: Jr SRE en una startup muy interesante. ¿Entonces ahora qué?

Llevo un año trabajando en Clarity y no creo que sea posible explicar lo mucho que he aprendido en este último año. Al entrar a un puesto como SRE viniendo de ser una operadora de sistemas que (literalmente) no sabía abrir una consola hace tan solo un año, la presión era gigantesca. Lo más gracioso de todo es que es presión no venía desde fuera sino de mi misma: no podía fallar, me había tirado a una piscina sin saber si tenía agua y me encontré con una gran oportunidad. La realidad es que a día de hoy ese pánico a fallar se ha mitigado bastante pero todavía no ha desaparecido del todo. Ten en cuenta que hace dos años estaba buscándome la vida e intentando encontrar un trabajo de lo que sea y ahora trabajo en remoto, con un horario flexible, en un sector muy estable y en una especialidad que cada día está más de moda. No es algo que vaya a olvidar fácilmente. Sin embargo, cuando tengo un momentito de amor propio me doy cuenta de que mola eso de haberme convertido en ingeniera en dos años 🙂

En este año y medio he aprendido sobre control de versiones con Git, sobre infraestructura como código, sobre contenedores, sobre CI/CD, sobre nube pública pero, sobre todo, he ido aprendiendo cómo crece una empresa, qué es el desarrollo de software y cómo podemos llevarlo a cabo. También me he ido acercando a entender por qué hacemos lo que hacemos y cómo es posible realizar un trabajo tan complejo de forma que el mundo no se te caiga encima. La empresa en la que estoy trabajando, por su naturaleza, se mueve a unos ritmos frenéticos y desde la parte de infraestructura nosotros generamos muchos de los cambios. Puedo ver cómo evolucionan las bases de una empresa, qué pequeñas piezas podemos cambiar para girar el transatlántico en la dirección que queremos, cuánta paciencia hay que tener para conseguirlo. He tenido la enorme suerte de trabajar con un equipo completamente impresionante, gente (que aún a día de hoy) me parecen genios en lo que hacen y en cómo lo hacen. Aún hoy, a veces, me agobio al mirarles y darme cuenta de lo muchísimo que me queda por aprender para pretender siquiera hablarles de tú a tú. Y aunque parezca increíble dado el nivel de la gente con la que puedo trabajar, también he tenido la suerte de que tod@s ell@s sean gente que no solo sabe mucho sino que también comparte mucho: han tenido y siguen teniendo una paciencia tremenda conmigo y siempre han estado dispuest@s a acompañarme en las tareas del día a día aun sabiendo que irían muchísimo más lent@s, por el simple hecho de que yo aprenda.

En un año he pasado de no saber configurar los permisos de un bucket S3 a estar metida en una iniciativa que afecta toda nuestra organización en la nube. He pasado de no entender absolutamente nada a no entender muchas cosas y, sobre todo, he pasado de sentirme una intrusa a empezar a ver este mundo como algo que también me pertenece a mí. Ahora bien: ¿qué he aprendido?

  1. Puedes tener suerte pero es inútil pensar qué parte de tus victorias se deben a ella. Y, sobre todo, la suerte, siempre siempre siempre te tiene que pillar trabajando como una cerda.
  2. En este sector, el conocimiento técnico no es más importante que el conocimiento del porqué de las cosas que hacemos, llámalo filosofía. Y cuanto antes te des cuenta de eso, mejor te irá.
  3. Aprender a descansar te va a llevar años.
  4. Meterte en informática porque vas a ganar más dinero o tener más estabilidad está muy bien, pero descubrir por el camino que además es algo que te apasiona, es aún mejor.
  5. Siempre tienes que conocer tu precio (tanto literal como figurado) o por lo menos, si como en mi caso siempre tiendes a valorarte a la baja, tener una aproximación que revisas cada poco tiempo.
  6. No va a haber días fáciles, solo días en los que podrás exigirte menos.
  7. Igual que tus logros pueden depender en parte de la suerte y en parte del trabajo duro, el no estancarte depende únicamente de ti.
  8. No hay una fórmula mágica para cambiar de vida como me ha ocurrido a mí. La gran mayoría del tiempo no tengo ni idea de lo que estoy haciendo.

Pero es importante seguir haciéndolo 🙂

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