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De 0 a SysAdmina en 8 meses. Parte IV: La tragicómica historia de una SysAdmina rodeada de Devs

Había una vez una muchacha tirando para mujer tirando para señora que quería ser Administradora de Sistemas. Por aquel entonces ni siquiera sabía que lo que quería ser era SysAdmina…Esperad, esto no empieza así.

Lo bueno del mundo IT es que es tan surrealista como poco romántico y literario así que mejor me pongo en situación.

Ya había elegido mi “camino” y tenía un plan para poder trabajar en el sector de la informática. Nos pasamos unas cuantas tardes de cervezas con diego planeando, pensando cuánto me podría llevar, si lo estaba haciendo bien…(qué época aquella antes del COVID cuando íbamos a bares).

Me quedaba muchas noches estudiando y leyendo un montón de información que no entendía, hacía cursos online. Poco a poco alguna cosa empezaba a sonarme pero aún así cuánto más veía más me deprimía porque veía lo poco que sabía (cliché girl I am). En medio de todo eso llegó a mí el anuncio de que la empresa Bitnami estaba reclutando gente para su Bootcamp anual de Docker y Kubernetes.

Como os podéis imaginar, para ese momento, que sudaba cada vez que tenía que recordar un comando simple de Linux, mis conocimientos de Kubernetes y Docker se limitaban a saber que existen.

Ojeé la convocatoria sin mucha esperanza y cuál fue mi sorpresa cuando vi que decían que lo “único” que hacía falta para aplicar para el Bootcamp era saber lo básico de una consola de Linux y lo básico de git. Me pareció un poco raro que los requerimientos fuesen tan sencillos para participar en algo tan técnico pero pensé y más viendo que el fin último del Bootcamp era contratar a l@s mejores pero pensé: “Como hay un proceso de selección, si hace falta algo más en cuanto vean que llevo (literalmente) 2 meses estudiando por mi cuenta y desde cero, me van a descartar”. JA.

El momento en el que recibí un correo de Bitnami diciéndome que había pasado la primera fase y me iban a llamar para hacer una entrevista fue como para generar varios Gifs de personas sin parpadear. Yo había echado la solicitud por los jajas y ahora resultaba que no había vuelta atrás :

Me pasé toda la semana previa a la llamada más tensa que una cuerda de violín. Repasando los cuatro comandos contados que conocía de Linux y haciendo un curso intenso de git. Ella, la preparada. Me llamó un chico muy majo y a pesar de que estaba como un flan derretido al sol de Sevilla en agosto, contesté más o menos bien todas las preguntas que me hizo. Le dije que me hacía muchísima ilusión participar en el bootcamp y que quería aprender por todos los medios porque acababa de empezar y lo tenía todo por delante. Unos 30min de entrevista en los que envejecí 15 años.

“Bueno” – dije – “Pues tu primera entrevista técnica superada, ha sido una experiencia útil e inútil a la vez”. Cero expectativas de que me cogieran. JA (2.0)

Varios siglos después de la entrevista (os prometo que mi percepción del tiempo no estaba nada distorsionada) volvieron a contactar conmigo para decirme que era una de las seleccionadas: me pasaría 5 días completos (de 9 a 19) en las oficinas de Bitnami en Sevilla aprendiendo sobre Docker y Kubernetes. El hecho de que no me diera un infarto demuestra que tengo un corazón muy fuerte.

Y allí me planté, con mi portátil nuevo (no sobreactué nada ni me dejé llevar por la emoción comprando un portátil nuevo especialmente para la ocasión). Eramos unas 20 personas. 2 mujeres en total. 19 personas que sabían lo que estaba pasando. Ya sabéis por dónde voy.

Después de una introducción que sí que estaba entendiendo (más o menos) porque se repasó la historia de Docker y cómo llegó a ser lo que es ahora mismo, entramos en materia.

“Y entonces cogéis este Yaml y vais introduciendo las cosas que hacen falta para crear vuestro Dockerfile y lanzarlo con esta configuración que incluye….”

Cabeza de Anastasia : ¿Yaml? (el profesor ya había avanzado unos cuantos años luz y mencionado varias docenas de conceptos que desconocía)

A partir de ahí empezó una lluvia de información, conceptos y cosas que todo el mundo en la sala parecía conocer. Más tarde me enteré de que había gente que llevaba hasta dos años trabajando con Docker y Kubernetes. ¿Pero esto no era para principiantes? Programadores, desarrolladores, gente que llevaba años trabajando en el sector…y yo.

En el primer descanso me fui al baño, quería llorar. No soy una persona que llore, no suelo hacerlo pero ahí sola, sin entender qué estaba haciendo en medio de aquel bootcamp evidentemente muy superior a mis conocimientos de 2 meses de estudios autodidactas quería llorar y huir. Y no sabía en qué orden.

Llamé a diego, él sabe que no soy una persona que se achanta facilmente así que supo que la situación era verdaderamente abrumadora. En los diez minutos que pudimos hablar conseguió calmarme. Me dijo que si quería podía abandonar allí mismo, que no hacía falta pasarlo mal. Yo no paraba de repetir: “No sé qué hago aquí, todo el mundo da por hecho cosas que yo ni siquiera he visto aún. Qué hago aquí.”

Mientras seguía hablando con diego volví a la oficina, sabía que delante de toda aquella gente no sería capaz de llorar. Colgué. Miré alrededor: todo el mundo estaba hablando tranquilamente pero en el ambiente se notaba claramente que una contratación estaba en juego. Algunas caras me sonaban de las redes o de algún Meetup al que había asistido.

Entonces lo supe: podía irme en ese mismo instante y no iba a pasar absolutamente nada. Aquel no era mi lugar. No era desarrolladora ni tenía el nivel como para que me contratasen. No tenía ni el nivel para estar allí. Nadie me hubiera dicho nada y no sería el fin del mundo porque evidentemente estaba en mucha desventaja y todo me venía muy grande. Pero también podía quedarme. Porque sí. Porque era una opción igual de válida.

Me quedé. Toda aquella semana estuve en las oficinas de Bitnami hasta después de la hora de comer y luego hasta las 3 y 4 de la mañana en casa intentando descifrar todo lo que estábamos haciendo, solo para volver al día siguiente a las 9 a intentar seguir el hilo. Diego me ayudó mucho pero no sabía nada de Docker y Kubernetes así que su ayuda solamente podía llegar hasta cierto límite.

Pensaréis que soy masoquista: ir a un sitio a que te peguen una paliza mental de la que apenas te puedes defender para luego volver al día siguiente a por más.

Pero al final las cosas empezaron a colar. Me enteré. Aprendí. No llegué ni mucho menos al nivel de otras personas que estaban en el Bootcamp pero entregué algunos de los ejercicios que nos ponían todos los días a pesar de que evidentemente no estaba compitiendo por el puesto de trabajo que estaba en juego.

No hice el ultimo proyecto grande que nos pusieron al acabar el bootcamp y que reunía todo lo que se nos enseñó. Luego me enteré de que la materia que damos era la que necesitabas para sacarte la certificación en la materia. Luego me enteré de que a la hora de hacer selección rechazaron a gente que sabía más del tema. Luego dormí durante todo el fin de semana y no volví a estudiar en otras dos semanas.

Nunca sabré por qué decidieron contar conmigo a pesar de que evidentemente era la persona que menos sabía en la sala. Lo único que sé es que echando la vista atrás estoy agradecida a Bitnami por haberme llevado al límite. Cuando acabó el Bootcamp sabía que podría con ello. Con todo lo que vino en los meses siguientes y todo lo que sigue pasando ahora que llevo cuatro meses trabajando en el sector.

Lo supe en el momento en el que entré en una oficina llena de profesionales del sector que luchaban por un puesto de trabajo por el que supuestamente yo también tenía que luchar pero no tenía ninguna opción de conseguir con ganas de llorar y no lloré.

¿Por qué no me fui en cuanto supe que el nivel estaba por encima del que tenía? ¿Por qué me quedé aún sabiendo que no tenía ninguna opción de competir por el puesto que ofrecían y seguramente lo único que pasaría seria que tendría que remar a contracorriente asimilando más información de la que objetivamente podía ingerir?

Puede que la respuesta a esas preguntas tenga que ver con que siga aquí. Sigo en IT. Y no pienso irme.

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